Reading
Add Comment
Todo se quedó bastante revuelto en la segunda parte: con la novia de Diego, entre Diego y su tía y con las amigas de su tía. Con esas también estuvo revuelto, y ya se sabe que “a río revuelto,…” ¿Qué ganará nuestro protagonista?Al día siguiente, me desperté con el aroma del pan tostado, que subía de la cocina y la presencia de alguien en mi cama.
- Buenos días, dormilón - oigo entre sueños, que me dice mi tía Laura, acurrucándose junto a mí.
Ella está completamente vestida, pero yo estoy desnudo y siento como baja su mano por mi pecho hasta el abdomen.
- Buenos días - le contesto, envolviendo mi brazo alrededor de ella. - ¿Cómo has dormido?
- Cuando lo conseguí... como un bebé - me responde. Sus dedos hacen pequeños círculos en mi vello púbico. - Como te puedes imaginar, estuvimos hablando hasta bien entrada la noche. Fuiste toda una sensación entre mis amigas. - me sonríe.
Le beso la parte superior de la cabeza, preguntándome donde habrá ido su mano, ya no la siento sobre mi cuerpo.
- ¡Ah! Ha llamado Claudia - me informa. Ahora veo como coloca su mano en su regazo y se sienta al borde de la cama. - La invité a desayunar. Estará aquí en pocos minutos.
- ¡¿Qué?! - Le grito, sacando mis piernas de la cama.
- Dijo que necesitaba hablar contigo - se encoge de hombros con una gran sonrisa en su cara.
- Podría haber ido yo a su casa -protesto, mientras me pongo de pie y tía Laura bizquea los ojos, mirando mi erección mañanera.
- Sí, pero pensé que sería bueno que tuvieras la ventaja de campo - me dice ella, alcanzando mi pene y moviendo su traviesa mano hacia atrás y adelante con suavidad.- Es mejor que te des una ducha y te vistas. Ya no tienes mucho tiempo. – golpea mi culo para que obedezca la orden.
Cuando sale de mi habitación, miro su magnífico culo, dibujado perfectamente en unos pantalones cortos, blancos y ajustados. Desde luego, tengo mucho en que pensar, pero ahora no es el momento.
Me doy una ducha rápida. Me pongo un pantalón de tenis y una camiseta vieja con unos dibujitos absurdos estampados en el frente. Bajo los escalones hasta la cocina y entro en ella ¡Ya está aquí!
Doy los buenos días a las amigas de mi tía y a Claudia, que está sentada en la mesa junto a ellas.
Es un poco raro, ver en la mesa, comiendo tostadas, a mi novia y a las cuatro mujeres con las que ayer mismo, todos desnudos, estuve jugando al juego más atrevido, divertido y sensual de mi vida. Pero aquí estoy, viendo a mi novia comer sus tostadas, junto a las cuatro mujeres que me hicieron correrme después de un par de horas de juegos libidinosos y me siento nervioso, pero es una emoción placentera. No tengo sentimiento de culpa, como debiera, es más bien de satisfacción, de orgullo ¿Me estaré volviendo una mala persona?
Veo que han recogido todos los juguetes y ropitas que, cuando nos fuimos a la cama, llenaban el salón. Al menos, eso me tranquiliza.
Miro a Claudia y sé que debo tomar una decisión, pero todavía no sé cuál. Es una mujer guapa, con una magnífica figura. Tiene 24 años y se viste como si acabara de salir de la portada de Vogue. Su foulard acentúa perfectamente su inmaculado traje de chaqueta. Sus pendientes, a juego con el bolso y los zapatos. Su maquillaje invisible, impecable.
Puedo sentir como las cuatro mujeres están evaluándola. Y tengo que reconocer que las cuatro se ven muy sexys en sus pantalones cortos y ajustados.
- Y dime ¿Cuál era el problema que teníais anoche? ¿Os fue Diego de ayuda? - le pregunta Claudia a tía Laura, que está pegando un bocado a una tostada de tomate con un poquito de jamón.
- Ah, nada. Sólo cositas que necesitan a un chicarrón fuerte como mi sobrino - tía Laura se encoge de hombros, como si no hubiera sido gran cosa.
Me pregunto, si tiene siempre esa facilidad para soslayar los problemas o si ya tenía pensada la respuesta desde que le envió el texto con mi móvil.
- Bueno, no hace falta que te lo diga, - le indica Claudia - si yo puedo ser de ayuda, Laura, podéis contar conmigo.
- No estoy muy segura, Claudia, de querer contar contigo. Al fin y al cabo, elegiste a mi sobrino como novio. Eso no dice mucho a tu favor.
Claudia se queda cortada y comienza a balbucear una respuesta, mientras que el resto nos echamos a reír.
- Es broma, tonta - le aclara mi tía, tocando su brazo. - y gracias, lo tendré en cuenta.
Continuamos con una charla sin trascendencia el resto de desayuno, pero me molesta que Claudia no se diera cuenta que tía Laura estaba bromeando. Y cuando miro alrededor de la mesa, me parece que, aunque Claudia es la más joven, es la persona menos divertida de todas. Cualquiera de las cuatro mujeres tiene más marcha que ella en el cuerpo.
Mientras desayuno, sigo pensando que decisión tomar. El sexo con ella es increíble. Claudia es prácticamente una contorsionista, pero nuestra vida fuera de la cama, se reduce prácticamente a andar con sus aburridos amigos o estar discutiendo entre nosotros.
- Nosotras nos vamos de compras, para que podáis hablar tranquilamente entre los dos - nos dice tía Laura, interrumpiendo la conversación sin ninguna delicadeza, pero con toda normalidad, mientras se levanta y empieza a recoger la mesa.
Alicia, Cristina y Clara se unen a ella y, una vez que han llenado el lavavajillas, se despiden de nosotros.
- Nos vemos más tarde - me dice tía Laura, besándome en la mejilla. - Adiós Claudia.
Las otras mujeres hacen lo mismo, me dicen adiós y me dan dos besos en la mejilla y unos afectuosos achuchones.
- Son muy cariñosas las amigas de tu tía - me dice Claudia, una vez que se han ido.
Si ella supiera.
- Eso parece - contesto escuetamente. Voy aprendiendo de mi tía, a no dar demasiadas explicaciones cuando no interesa.
- No me gusta cuando nos peleamos, Diego - me dice Claudia cogiéndome la mano.
- A mí tampoco, - contesto honestamente - pero últimamente parece que ocurre muy a menudo.
Ella asiente con la cabeza.
- Es curioso, ni siquiera recuerdo de lo que estábamos discutiendo. Seguro que sería otra tontería. - añado con tristeza.
- Era por Belén - me recuerda Claudia - No te gusta y es una de mis mejores amigas. Pero no importa eso ahora, me hubiera gustado que hubieras venido a casa anoche -dice utilizando su voz más melosa. – Sabes, me pasé toda la noche caliente, esperando uno de los que yo llamo "polvetes de reconciliación". - se ríe.
¡Joder! Se repite este rollo con tanta frecuencia, que hasta le ha dado nombre.
Me pregunto si tendrá nombre para todos los polvos que echamos. Los clasificará en "polvos de precalentamiento" "sexo hogareño tras una agotadora jornada laboral", "polvo sin prisas de fin de semana" "despertar sexual tranquilo”, “sexo salvaje de vacaciones”, ...
- Claudia, - Soy yo ahora el que toma su mano - te juro, que no hay nada en este mundo tan maravilloso como el sexo contigo. - Hace poco tiempo hubiera sido sincero diciendo esto, desde ayer empiezo a tener dudas.
- Gracias,- se sonroja - siempre intento esforzarme para ti. - Ella me dedica una de sus miradas más seductoras. - ¿Vamos a terminar esta conversación en tu dormitorio? - me pregunta sensual y coqueta.
- No, esta vez no - respondo tajante.
No soy consciente de lo que realmente estoy diciendo, hasta que las palabras salen de mi boca. Su cara cambia automáticamente.
- No puedo pensar con claridad cuando estoy en la cama contigo - le digo muy serio y veo una mirada de confusión en su rostro. - Pero honestamente, tengo la impresión de que fuera de la cama, cada día tenemos menos común. Pasamos el sesenta por ciento del tiempo discutiendo y el otro cuarenta por ciento...
Supongo que iba a decir en "polvetes de reconciliación", pero me lo callo. Sé, que se me notaría demasiado el sarcasmo y no quiero empezar una nueva discusión.
- ¿Quieres decir que no tenemos nada en común? - se tira hacia atrás sobre el respaldo de la silla, lista para una nueva pelea. - Tenemos a nuestros amigos.
- Tus amigos, querrás decir. - eso no me lo puede negar.
- Ahora son tus amigos también. - Se calla y me mira. La ira va poniendo un ligero rubor en su rostro.
- ¿Estás rompiendo conmigo? ¿Hay alguien más? ¡Estás con otra chica!
- ¡NO! - digo enfáticamente. - Nadie más. Pero creo que mereces a alguien que no malgaste dos tercios de tu tiempo en discusiones inútiles ¿no crees? - le pregunto.
- ¡Estás rompiendo conmigo!- se levanta y comienza a alejarse, pero antes de salir de la habitación se gira y me dice.
- ¡Que te den por el culo! ¡Diego, que te den por el culo! ¡Tú no rompes conmigo! ¡Soy yo la que te manda a la mierda! - Toma una respiración profunda, se da la vuelta. Parece que me va a mandar una llamarada de fuego como los dragones - ¡Espero que estés contento,... con quien quiera que sea la fulana esa! ¡Hemos terminado para siempre! - me grita y sale corriendo por la puerta.
¡Joder! Yo no pensaba llegar a este punto. Pero, de alguna manera, me siento bien. Termino de arreglar la cocina y luego me tiro en el sofá, a pasar los canales de televisión con el mando.
Debo haber cambiado mucho en una noche. Supongo que tanto comer coños y las sucesivas mamadas, me han dado el impulso que necesitaba o, quizás, me han obnubilado completamente la mente.
Al final de la mañana, escucho a las cuatro amigas entrar. Vienen hablando todas a la vez y riendo alegremente. Me siento y, simplemente, digo, hola.
- Hola, sobrinito - me saluda contenta tía Laura, sentándose a mi lado. - ¿Cómo te ha ido con Claudia?
- Rompimos - contesto, consciente de que las otras mujeres están muy cerca y su charla se ha detenido completamente.
- Lo siento. - me consuela mi tía, poniendo su brazo alrededor de mi cuello.
- Yo no. - sonrío. - Fue idea mía
- Entonces, yo tampoco - dice ella, besándome en la mejilla juguetonamente. - En realidad, nunca nos gustó mucho a ninguno.
- No sabía eso.
- No estoy muy segura de lo que viste en ella ... quiero decir ... aparte de lo obvio.
- Bueno, no te imaginas lo que se podía hacer con lo obvio - contesto. – Cuando estábamos en la cama era una contorsionista y, aunque tú la veas así de remilgada…
No me deja continuar. Tía Laura toma mis manos entre las suyas.
- Mi pequeño Diego - se ríe - ¿No crees que eso es demasiada información para que se la cuentes a tu vieja tía?
Después de lo de ayer,… Bueno, quizás tenga razón. Era nuestra vida íntima y ahí debe quedar.
Solo añado con amargura.
- Fuera del sexo... - me confieso, mirando al suelo - No teníamos nada en común.
Me incorporo y me giro hacia mi tía.
- ¿Quieres venir conmigo esta tarde para sacar mis cosas?
- Por supuesto. - me dice convencida, aunque quizás solo lo diga por no dejarme solo.
Pasamos unos tensos momentos en silencio. Ni siquiera me acuerdo de la presencia de las amigas de mi tía por la casa. Hasta que son ellas las que me sacan de mis tristes pensamientos.
- ¿Quieres ver lo que hemos comprado? - Me pregunta Clara con una voz cantarina.
Se lo agradezco. Sé que lo ha hecho por sacarme del muermo, aunque mi sonrisa no debe resultar demasiado sincera.
- Por supuesto - contesto, y veo como remueven el interior de sus bolsas tiradas en el suelo. - ¿Vais a hacerme un pase de modelos?
- Claro, eso es lo que te acabo de decir – Clara me sonríe, mientras estira y mira un pequeño top de color azul con flores.
En un momento, sacan una variedad increíble de tops, faldas y pantalones cortos y comienzan a desvestirse.
- ¡Eh! ¿Pero es que pensáis cambiaros aquí? – pregunta tía Laura con voz de alarma.
- Igual,esta mañana, tenemos algo que todavía no ha visto – se burla de ella Ali, mientras saca su camiseta por encima de su cabeza y revela un sujetador de color canela claro, que muestra generosamente sus pechos.
- Tía, tienes que reconocer que Ali tiene un poquito de razón - contesto yo, viendo como cada una de las mujeres comienzan a desnudarse sin ningún pudor.
Con estas señoras, los problemas se alejan con una facilidad pasmosa.
- Hombre, no seas caradura ¿Así que ahora, ves normal que mis amigas se desvistan delante de mi sobrino?
Tía Laura golpea mi brazo, pero se reúne con sus amigas para probarse y enseñarme sus nuevos trapitos. Creo que ella también está feliz por mí.
Me paso la siguiente media hora riendo, asintiendo, negando, dando palmadas, halagando su buen gusto y… con una perpetua erección.
Aunque ninguna de ellas se quita la ropa interior, es muy sexy verles cómo se quitan su ropa. Verles intercambiarse camisetas, blusas y faldas, observando de nuevo sus diferencias físicas. Su poses. Es tan divertido oírlas, escuchar sus pullas y sus fingidas discusiones. Quieren saber mi opinión sobre todo y mi opinión, siempre positiva, es la que prevalece. Mientras, me halagan mi buen gusto y me miman con besitos y carantoñas.
Es todo tan excitante, que creo sentirme en el nirvana. Pero,en un momento, se rompe este dulce equilibrio. Debido a Clara. La traviesa Clara. La perversa Clara, que tenía que darle un puntito más de picante al asunto.
- ¿Crees que esto me quedaría mejor sin sujetador – pregunta, mirándome a los ojos, al tiempo que sujeta una camiseta, que Ali acaba de desdoblar.
- No lo tengo muy claro - le respondo con honestidad.- Pruébatelo y te digo.
- Esperaba que me dijeras eso - me responde y rápidamente se dispone a desabrochar su sujetador y exponer a mi escrutinio sus exquisitos pezones hinchados.
- Estabas deseando mostrar tus tetas, zorrón. - dice tía Laura - Nunca te lo vas a poner sin un sujetador ¿A qué viene esa pregunta?
- ¿Quién sabe? Si a Diego le gusta, podría sacarme un día a pasear con esta camisetita. - se encoge de hombros y luego desliza la prenda por encima de su cabeza, tirando de ella hacia abajo, sobre su pecho. - ¿Qué piensas? - me pregunta, acercándose a mí, para que pueda tener una buena visión de sus pezones marcados sobre la tela.
- Me gusta mucho, pero yo no te recomendaría salir así en público – me animo a pinzar con dos dedos cada uno de los pezones, a través del ligero material. - Aunque estás muy atractiva.
- Yo nunca puedo ir sin sujetador, – dice Ali risueña - pero yo también te voy a mostrar mis tetas otra vez, Diego.
Ali prescinde de escusas. Se quita la camiseta que se estaba probando. Luego deja caer el sujetador en el suelo y se inclina sobre el brazo del sofá. Sus tetas se quedan a escasos centímetros de mi cara. Levanta una con la mano y me lo ofrece, como si fuera un niño, para que me lo meta en la boca. Por supuesto, no me hago esperar. Me pongo a mamar de la negra protuberancia, jugando con mi lengua y mordisqueando con mis dientes. Estoy perdido en el sabor de las tetas de Ali, cuando siento unos dedos enredando con mi bragueta.
Cristina está de rodillas entre mis piernas ¡La inocente Cristina! Tratando de liberar mi polla. Es evidente que no tiene mucha práctica en esas lides. Pongo la mano sobre la de ella para detenerla.
- Esto, os juro, que me cuesta más a mí que a vosotras decirlo - confieso, liberando el pezón de Ali y recuperando el aliento. - Pero, por mucho que me gustaría continuar, …
¡Cómo no me iba a gustar! Después de lo que pasó la noche anterior y la forma en la que aplazamos la toma de decisiones, esto tenía todos los visos de convertirse en una orgía, conmigo de protagonista, chupando, comiendo, lamiendo, tocando y … follando a todas estas magnificas mujeres al mismo tiempo. O, al menos, así me lo imagino yo.
- … tengo que ir acasa de mi nov… de mi ex novia a buscar mis cosas.
Me echo hacia atrás, tiro hacia arriba de la cremallera y veo las caras largas de tres hermosas mujeres decepcionadas. Me dan ganas de llorar ¡Cómo puede alguien renunciar a esto! Pero realmente primero tengo que zanjar el tema con Claudia. Quiero quedarme tranquilo, pasar página.
- Podremos continuar donde lo hemos dejado cuando vuelva - les aseguro, aunque, lo que realmente quiero saber,es que no he perdido la oportunidad de mi vida. – Como cualquier cosa y me acerco a por mis pertenencias y seguimos donde lo hemos dejado.
- ¿Lo prometes? – me pregunta Cristina, mirándome con sus grandes ojos azules.
No parece ella. Está todavía de rodillas en el suelo delante de mí. Es la única que no se ha quitado nada y está vestida de cintura para arriba.
- Sólo, si tú me prometes, que me dejaras darme un festín con estos fabulosos pezones - respondo, al tiempo que extendiendo la mano y los toco a través de la blusa y el sujetador.
- Te tomo la palabra - me dice, con emoción, mirando ansiosamente a tía Laura, que le responde con un ligero movimiento de cabeza.
Entiendo que están tramando algo, pero no quiero preguntar, probablemente me enteraré cuando volvamos. Ahora, prefiero pasar cuanto antes el trago de recoger mis cosas.
Una ligera sopa y un filete y dejamos a las amigas de mi tía recogiendo la cocina. Una vez que estamos en el coche me pregunta tía Laura muy seria.
- ¿Tienes claro lo que vas a hacer?
- Ya te dije que hemos roto. Nada más que decir.
Mi tía calla. Yo finalmente añado.
- En una pareja, tiene que haber algo más que peleas y sexo.
- ¿Es por eso que me has traído contigo?¿Por si acaso te sientes tentado a follar con tu reciente ex novia?
Sonrío. Vaya lenguaje el que ahora utiliza conmigo. Algo ha cambiado entre nosotros. Supongo, que simplemente quiere quitarle hierro al asunto.
- Puede ser muy convincente, pero no es por eso tía Laura.
- Seguro. – dice tras unos minutos de silencio sentada a mi lado. No parece creerme demasiado.
Me quiere. Estoy seguro, que mi tía me quiere y ha pensado mucho sobre mi relación con Claudia y no la juzga de forma muy positiva. Creo que piensa que soy un poco tonto, un poco pelele o, quizás, es lo que pienso yo de mi mismo y, por eso, interpreto así sus gestos ¿He sido manejado por Clara?
- Me alegro que haya otra mujer - le digo crípticamente.
- ¿La hay? – me pregunta mi tía muy sorprendida.
Estiro mi mano y tomo la suya, apretando suavemente, mientras descanso mi brazo en el reposabrazos.
- No como ella piensa, pero sí - contesto, mirando hacia ella, para ver su reacción.
Está sonriendo por lo que continúo hablando.
- Ayer por la noche me lo pasé muy bien y no me refiero al sexo.
- ¿El sexo de anoche no fue divertido? – se burla tía Laura de mí, apretando mi mano.
- ¡A Ver! – contesto intentando tener una conversación seria. – Lo que quiero decir, es que estuvimos toda la noche riendo y disfrutando. Estaba con unas mujeres mayores que yo y me lo estaba pasando como hacía mucho tiempo. Me hizo darme cuenta de lo aburrida que ha sido mi vida con Claudia.
- ¡Oye! ¿Qué es eso de mujeres mayores? Por mí te podrías a ver ido con tu Claudita y hubieras tenido una noche de sexo increíble para compensar la falta de risas y diversión. - Mi tía se sigue riendo de mí.
No estoy seguro, de si ese vacile que se trae conmigo, es algo que la sale de forma natural o es un mecanismo de defensa, para que todo esto no sea demasiado trascendente. En todo caso, me gusta, me hace más fácil abrirme y desahogarme.
- Anoche me di cuenta, estando con cuatro mujeres maravillosas, que estoy en una etapa de mi vida, que prefiero la falta de sexo, a la falta de diversión - Me uno a sus chanzas - La viste en el desayuno. La tomaste el pelo y ella ni siquiera se dio cuenta.
- Ya lo vi. Es un poco papanatas - añade tía Laura, volviéndose hacia mí, cada vez más animada - No podía creer, que pensara, que de verdad estaba criticando su gusto con los hombres - se ríe tía Laura- Si será lo único que haya hecho bien en su vida, elegir a mi sobrino.
Coloca su mano en la cara interna de mi muslo, peligrosamente cerca de mi pene y se inclina hacia mí.
- No me gustaría que volvieras con ella. Si me necesitas para bajar la tensión sexual antes de verla, sabes que puedes contar conmigo. – me dice tía Laura maliciosamente, al tiempo que sus dedos se desplazan hacia arriba tamborileando por mi entrepierna.
- Ahora, estoy bien, - contesto - pero cuando empecemos a hablar no sé qué pueda pasar. Lo tendré en cuenta.
- ¡Oye! ¡Qué te has creído! Llevas mucho tiempo con “Doña Estirada” y tampoco te das cuenta cuando te estoy tomando el pelo - dice retirando su mano.
- Me había dado cuenta- respondo, aunque no estoy muy seguro de lo que digo.
- Bueno, o tal vez no estaba bromeando – la miro y me guiña un ojo sonriendo.
De acuerdo, no estoy seguro de nada. Antes de que pueda pensar en una respuesta ingeniosa, nos detenemos delante del edificio donde vive Claudia. Donde, hasta ayer mismo, vivíamos los dos.
- Gracias por venir conmigo, tita - es todo lo que digo.
- No me lo perdería por nada del mundo - dice ella, abriendo la puerta del coche - Tal vez pueda llegar a ver una de las famosos "polvos de reconciliación de Diego y Claudia".
- No, mientes a la bicha - digo, tomando de nuevo su mano, mientras caminamos hasta la puerta.
Había llamado para que Claudia supiera que veníamos. Nos abre la puerta con un modelito de lo más sugerente. Una falda ceñida y una camiseta que se ajustaba como una segunda piel sobre sus senos, sin sujetador. Mi tía casi se echa a reír y yo aspiro una bocanada de aire para no unirme a ella en una carcajada.
- ¡Oh! - suspira Clara - No sabía que ibas a venir con tía Laura.
Se me olvidaría mencionarla, cuando hablamos por teléfono.
- Va a ayudarme con mis cosas - le digo mientras paso con mi tía hasta la sala de estar.
En el equipo de música suena mi música favorita y hay una botella de vino abierta sobre la mesa, con dos copas.
- Pensé que todavía podríamos hablar de lo nuestro - me dice sonriendo, mientras le echa una mirada fulminante a mi tía.
Comienzo a poner las cosas en cajas, al tiempo que respondo.
- Lo siento, Clara. Vamos a darnos un tiempo y a dejar de discutir.
Ella mira a su alrededor, como si alguien fuera a darle una respuesta mejor y se fuera a solucionar el tema como ella quiere.
- Estábamos bien juntos, Diego - dice por fin y una solitaria lágrima baja por su mejilla, surcando su perfecto maquillaje.
- Muy bien - admito, poniendo mi mano sobre su hombro. - Pero también hemos discutido hasta la locura. Eso también es verdad.
- Hemos discutido, como se debe de discutir y era divertido. - susurra, mirando de reojo a tía Laura, que está yendo hacia el dormitorio con una caja vacía.
- ¡Eh! No vamos discutir, por la forma en que hemos estado discutiendo - Me río, pero a ella no se la ve de muy buen humor.
- ¿Qué voy a decir a Esther y a Esteban? - me pregunta. - Se supone que íbamos a cenar con ellos esta noche.
¿Esto es lo que realmente la molesta? ¿Esa es su preocupación? ¿Qué va a decir a sus amigos?
- Diles lo que quieras - le respondo, al tiempo que recojo los pocos CDs que no tenemos en común. - Mira, si quieres les dices a tus amigos, que soy un cabrón, que me he liado con otra mujer y me has dado una patada en el culo. Por mi está bien.
- ¡Eres un hijo de puta y un arrogante bastardo! - me grita. - ¿Crees que todo esto se soluciona sabiendo lo que voy a decir a mis amigos?
Tengo que admitir, que realmente está preciosa cuando se enfada.
- ¡Muy bien, de puta madre! ¡Coge tus cosas y sal de aquí, cabrón!
Tardamos unos veinte minutos, tía Laura y yo, en conseguir guardar la ropa y los pocos bienes que tengo en su casa. La verdad es que compartíamos gastos y ella tiene un montón de caprichos y modelitos y yo... poca cosa, y eso que gano más que ella. Pienso en todo eso, mientras veo a Claudia sentada en la mesa de la cocina, quieta, simulando leer una revista sin hablar, sin levantar la vista. Incluso cuando le digo adiós.
Creo que debería estar cabreado, sin embargo, la sensación que predomina en mí, es de alivio. Soy libre, pienso.
- Bueno, no ha sido tan difícil -me dice mi tía cuando ponemos la última caja en el maletero.
Me encojo de hombros, al tiempo que abro la puerta del coche. De nuevo a casa de mis padres. La verdad, es que esa perspectiva sí me preocupa. No quiero vivir con mis padres y no se me ocurre de momento ninguna otra opción.
- Sí que pensaba arreglarlo todo con un buen polvete ¿verdad? - me interroga tía Laura, sacudiendo la cabeza y sacándome de mis pensamientos.
- ¿Por qué no?– Contesto - Le ha funcionado otras veces.
- Siempre he pensado que estabas muy encoñado, pero no hasta ese punto. Un chico tan guapo y tan majo como tú... ¿Habría funcionado si no llego yo a venir?
Pongo mi mano sobre su muslo mientras sonrío.
- Con tres o cuatro mujeres esperando en casa, no creo que hubiera sido posible.
Ella juguetonamente golpea mi mano con una sonrisa pícara en la cara. Una sonrisa de satisfacción cruza su cara.
- Desde luego, Clara es una zorra, pero es más lista que el hambre.
No entiendo muy bien su respuesta. Pregunto a mi tía.
- ¿Qué tiene que ver Clara con …? – Me interrumpo inmediatamente.
Abro la boca de par en par ¡Lo del pase de modelos…! ¡¡¡¡Zorras!!!! Yo que me creía el tío más listo del mundo. El seductor de maduritas ¡Qué cabronas!
¡Ahora entiendo todo! ¡Ese numerito de sus amigas en casa no ha sido casualidad! No se han puesto a modelar, sólo por saber mi opinión sobre su ropa ¡Querían calentarme antes de que fuera a casa de mi ex novia!
Me sonrío por dentro. Si pensaba que yo estaba manejado a estas mujeres con la punta de la polla, estoy muy equivocado. Cuando yo voy, ellas llevan mucho rato de vuelta. Me están manejando como a un niño.
No consigo cabrearme ¡Cómo mola la situación! ¡Ser un hombre objeto en manos de cuatro maduras mujeres! No seré yo quien corte el juego. Creo que sabré ser el “naufrago” más dócil y entregado, en manos de estas sirenitas mayores que yo.
- ¡¿El pase de modelos estaba premeditado?! – pido que me aclare a mi tía. - ¿Decidisteis hacerlo antes de llegar a casa?
- Solo si habías roto con Claudia. Me prometieron que sería solo en ese caso, aunque no estoy segura de que me hubieran hecho caso. Ya vistes como iba a acabar la historia, si no tenemos que venir a por tus cosas.
- Y la inventora fue Clara.
- Caló a tu ex a la primera. Nada más salir me dijo. “Esa Claudia es una zorrita. Se va a tirar a tu sobrino en cuanto nos vayamos y va a agarrarle otra vez por los huevos, pero como deje pasar esta oportunidad, está perdida. Tu Dieguito no se va a poder resistir a estas curvas tan bien puestas”. Luego nos pidió ayuda para mostrarte “los placeres de la vida”.
- Tan evidente soy, tía. Tan tonto parezco.
- No, lo que eres, es adorable. Ya ves que todas estuvimos dispuestas a colaborar.
La verdad es que me emociona, pero no dejo de sentirme como un gilipollas.
- ¿Habéis hablado mucho sobre mí, claro?
- Desde que te conocieron. Las tiene loquitas – se ríe y pasa su mano dulcemente sobre mi mejilla.
Luego añade.
- Pero no te preocupes cariño. Todas las mujeres sabemos que los tíos pensáis con la polla y os manejamos con facilidad. Supongo, que sencillamente, tú eres más inocente que otros o, quizás, es que tienes más testosterona y te es más difícil pensar en situaciones límite. – Se ríe, mirándome. Calibrando mis reacciones. Supongo que para no herirme demasiado. Luego añade.
- Eso a muchas mujeres nos gusta. De todas formas, me gustaría hablar contigo sobre eso. Sobre el sexo y las situaciones límite.- se gira en su asiento de modo que queda mirándome de frente, fijamente, mientras yo conduzco.
Noto, un casi imperceptible cambio en su tono de voz. Parece más nerviosa.
- Bueno, solucionado un problema, vamos con otro. He estado esperando esta conversación desde la mamada de anoche.
- Tía - digo, adelantándome a ella - Aunque haya dicho lo de antes, entiendo que debemos pensar muy bien sobre cómo deben evolucionar las cosas entre tú y yo. Debemos hablar largo y tendido...
De forma inesperada se echa a reír y yo, esta vez, realmente no sé de que va la broma.
- Largo, tendido y duro estaría mejor ¿no crees? A mí me gustaría más, -apunta con picardía - pero no es de eso no de lo que quería hablarte.
- ¡Ah! - Sonrío ante su respuesta, aunque sigo desconcertado. - ¿Creía que tenías dudas sobre ... - Dejo la frase en el aire para no parecer presuntuoso - Tú dirás entonces.
- Diego, bueno, sobre lo nuestro también tenemos que hablar, pero ahora no creo que esté preparada. - sonríe - Probablemente necesitamos tener esa conversación en algún momento. - Y cambiando de tono agrega de forma resuelta - Pero primero tengo que decirte algo, antes de llegar a casa.
- Está bien, dispara.
- Probablemente has notado que Cristina no es ...uhm ... muy experimentada ¿verdad? - me mira observando mis reacciones.
- Sí, ella parece menos lanzada que las demás– contesto, aunque esta mañana se ha tirado a mi bragueta como una ninfómana.
- Bueno, ella nunca ha tenido novio y hace un tiempo en que está obsesionada en perder su virginidad.
¡Vaya, Cristina es virgen! Tía Laura habla más rápido, claramente no está muy cómoda con esta conversación.
- Hemos estado tratando de ayudarla, pero realmente es muy exigente.Claro, podríamos correr la voz y tendría un montón de tíos que se ofrecerían voluntarios - me dice, arrugando su nariz con un gesto de desagrado, para hacerme saber lo que piensa sobre esa opción.
- Últimamente se la ve obsesionada. Dice que se la está pasando el arroz y que la damos mucha envidia. Ella iba a perder anoche su virginidad, con nosotras... Y... seamos sinceros, no iba ser tampoco una gran “primera vez”.
Decido no hacer comentarios y dejar que siga hablando.
- Por eso, lo de la ... fiesta de lencería. Los juguetes que viste, eran para eso - y continúa diciendo, como si fuera la cosa más normal del mundo. - Íbamos a ayudar a Cristina a perder su virginidad y para eso era el consolador que viste encima de la mesa de salón.
Se ríe con nerviosismo, esperando mi reacción.
- ¿Así que, anoche interrumpí algo más que una competición garganta profunda? - hago la chanza para bajar la tensión, aunque no sé si consigo lo contrario.
- ¡Exactamente! - dice un poco más aliviada - Y llegaste a casa y ..."
- Mira tía, lo entiendo. - le digo. - Llegué justo para interrumpir el gran momento de Cris. No me hacían falta tantas explicaciones y no quiero estropearos vuestros planes. No hay problema, puedo irme a casa de David esta noche y vosotras podréis ...
Ella me interrumpe de nuevo con un golpe en mi hombro.
- ¡No, tonto! - Ahora ella se ríe con ganas. - No te estás enterando de nada. Déjame terminar.
- Está bien, pero deja de castigarme el hombro - sigo con su broma.
- Llegaste a casa, no a interrumpir, si no en el momento justo y ahora, en lugar del consolador, ¡Cristina quiere que seas tú quien acabe con su virginidad!
- ¿Qué? ¡Espera! ¡No! - Tartamudeo. - Nunca he hecho eso antes.
- ¡Ah! No te preocupes, ni ella tampoco - me contesta sarcásticamente.
- No ... pero ... quiero decir ... su primera vez. - No sé muy bien que decir - ¿Qué pasa si la hago daño? ¿O si la defraudo?
- Eso le puede pasar con cualquiera.
- Lo sé, pero ... su primera vez, y después de haberlo esperado tanto tiempo, debe ser algo especial ¿No te parece?
Otra vez, y van unas cuantas, me pregunto, porque estoy discutiendo sobre algo con lo que he fantaseado desde pequeño. Bueno, ni siquiera en mis gayolas más calenturientas de adolescente, y Cristina me ha inspirado unas cuantas, llegué a imaginar que mi polla sería la primera en deslizarse en el apretado coño de una madura Cristina y que el ofrecimiento lo haría mi propia tía. Es ella la que de nuevo me saca de mis reflexiones.
- Mi primera vez, como la de la mayoría de las mujeres, no fue nada especial y aquí estoy tan feliz. – me dice con seguridad, desarmándome totalmente.
- Ya, pero ese no es el asunto. – sigo insistiendo - La cuestión es que ahora el responsable sería yo y si meto la pata, es tu amiga, la hermana pequeña de los amigos de mis padres. No es tan fácil - digo, tambaleante. No sé exactamente por donde quiero llevar la conversación.
- No seas tan egocéntrico. La cosa no va sobre ti, va sobre Cristina. - me dice dejándome sin respuesta. Luego afloja un poco - ¡Será especial! Eres un amante experimentado y sus mejores amigas estarán allí, con vosotros.
- ¡¿Qué?! ¿Vamos a estar...haciéndolo delante de todo el mundo?
- No es todo el mundo - dice mi tía poniendo los ojos en blanco. - Solo nosotras. Además, íbamos a estar allí para ayudarla con el consolador ¿Por qué no vamos a estar allí con un polla de verdad?
- -¡Vaya! ¿Es eso todo lo que soy en esta historia, una polla? ¿Un pedazo de carne? - Pregunto con fingida indignación.
- Ahora sí que lo estás entendiendo, sobrinito - se ríe y luego añade más seria - En serio, Diego ¿Lo harás bien? Ayer fuiste muy amable con ella. Probablemente seas la primera persona, que haya dicho algo bonito sobre sus pechos. Aunque no lo creas, eso, significa mucho para ella. Fue muy amable de tu parte.
- Tonterías. No estaba siendo amable. Me encantan tus pezones.
- Siempre se han burlado mucho de ella por tener el pecho plano. -Me explica tía Laura. - En el instituto las chavalas y chavales pueden ser muy crueles.
Escucho su voz indignada y añade, aún con más pasión.
- Ha pensado muchas veces, muy seriamente, operarse ¿Tú qué piensas?
- ¡Qué sería una gilipollez! -afirmo con seguridad. –Sus tetas son impresionantes. Encerradas bajo la ropa, quizás no digan mucho, pero esos pezonacos vistos, así, al aire ¡Son la ostia! Lo que no tienen de grande, lo tienen de morbosas… pero bueno, nos estamos yendo del tema, tía.
- Está bien. Sólo quería que sepas lo importante que ha sido para Cristina. Y no digas nada de los implantes ¿De acuerdo?
- Claro - Respondo y me quedo meditando sobre la propuesta que quiero darles.
Mientras mi mente da vueltas al asunto, mi pene está apunto de reventar ante la perspectiva de tener una sesión de sexo en grupo, para quitarle las telarañas del coño a Cristina ¡Un regalo de la vida! Estamos en casa antes de que ninguno de los dos hable de nuevo.
- ¿Qué has decidido? ¿Lo vas a hacer? - me pide tía Laura antes de salir del coche.
Respiro profundamente antes de responder.
- Dos condiciones - Elevo dos dedos, para dar énfasis a lo que digo. - En primer lugar, quiero hablar con Cristina para asegurarme que es esto lo que quiere y no lo hace presionada por el grupo.
- Vale - Responde mi tía, poniendo una cara que me indica que eso es una tontería - ¿Qué es lo otro?
- ¡Sin presión de ningún tipo, nunca! - Digo con un poco de más fuerza de lo que pretendía. - Cristina puede retirarse en cualquier momento, antes o durante, sin una pizca de persuasión, reproche o coacción de cualquiera de vosotras.
Tía Laura sonríe, mientras camina hacia la entrada de la casa mis padres.
- Estaba segura que Cris había escogido al hombre adecuado para esto. - me dice, aupándose sobre la puntas de sus pies para besar mi mejilla. - Mi sobrinito es todo un caballero ¡Gracias! Estoy de acuerdo con todas tus exigencias. - me dedica una sonrisa de cariño, que dice muchas cosas - Voy a entretener a Ali y a Clara. Mientras tú puedes hablar con Cristina.
Justo antes de entrar en casa, añade.
- Ahora ¿Ya podemos entrar, para iniciar el ritual de desfloramiento de una virgen?
Me río a pesar de mi nerviosismo, o quizás debido él.
- ¿Cómo ha ido la cosa? - nos recibe Ali, viendo como cargamos con mis pertenencias.
- ¡Claudia es historia! ¡Y, además, está de acuerdo! - dice telegráficamente tía Laura, mirando a Cristina que tiene una sonrisa de oreja a oreja.
Sus amigas aplauden y me jalean.
- Hay más cajas en el coche - anuncio, interrumpiendo su algarabía. - Tengo que reservar fuerzas, si quiero estar a la altura de la fiesta que me habéis preparado. - me río cómplice de su confabulación.
Las cuatro mujeres se dirigen hacia mi coche y acarrean las cajas hasta mi habitación. Luego, se reúnen en la sala de estar, ansiosas de que empiece la diversión.
- Encontré esto en una de las cajas - dice Ali, que sujeta en su mano una caja de condones.
- Lo cogí por si acaso tenía una necesidad. No sé si Claudia los echará de menos. – puede que eso sea lo que yo quiero, que los eche de menos. Aunque, ahora tengo otros asuntos entre manos más importantes.
- Esperad. Antes de nada - tía Laura se hace cargo de la situación, como de costumbre. - Diego quiere hablar con Cristina, a solas ¿Por qué no vais a tu dormitorio, Diego?
Me voy con Cristina y les dejamos con su alborotada conversación.
Cuando llegamos a mi habitación, le invito a sentarse en la cama y me siento a su lado. Intento parecer más adulto de lo que soy, pero la tímida Cristina rompe el hielo antes de que yo sepa lo que decir.
- Gracias por hacer esto, Diego - me dice mirándome a los ojos. - Estoy un poco nerviosa, …pero no por ti. Me refiero a que no tengo dudas de que tú seas capaz de… No sé muy bien lo que digo.
Me parece curioso, ver a una persona, que en su trabajo debe tomar decisiones rápidas de una gran responsabilidad, comportarse de esta forma.
- Estoy yo más nervioso que tú, Cris - le aseguro. - Nunca he hecho esto antes - le digo, y veo una expresión confusa en su rostro. -Nunca he follado con una virgen. - aclaro de forma precipitada y algo tosca.
- ¡Ah! - ella se ríe nerviosa. -Pensé que querías decir ... No importa. - añade mientras sigue riéndose.
Tomo sus manos en las mías.
- ¿Estás absolutamente segura de que quieres hacer esto? - Pregunto, mirándola a sus enormes ojos llenos de inocencia.
He conocido a esta mujer durante toda mi vida y ahora le estoy pidiendo que medite sobre si quiere que se la endiñe. Curioso.
- Creo que es una decisión importante. No es algo que debe hacerse así, a lo loco.
- ¿No quieres hacerlo? - pregunta en voz baja.
- Quiero decir, que quiero saber, si tienes claro lo que vamos a hacer. No entiendo las prisas ¿Piensas que no tendrás otra oportunidad? Eso es absurdo ¿Por qué piensas eso? ¿Por qué tienes el pecho plano? - Veo un gesto de disgusto y empieza a levantarse.
- Está bien, no te sientas obligado a ...
- ¡Cristina! - Le interrumpo y tiro de ella hacia mí.
Cae encima mío y noto sus nalgas apretándose sobre mi rabo, duro como el marfil.
- Eres una mujer muy deseable, por favor, lo que no quiero es que te degrades a ti misma. Ya te dije anoche, que tus pezones son una pasada. Me muero por volverlos a chupar, y que decir de tu cuerpo, ya te dije ayer lo que pensaba. Si tú lo deseas, … yo voy a vivir un sueño. Lo que quiero decirte es que, yo no soy tu último tren. Créeme, ahí fuera hay montones de hombres mucho mejor amantes y mejores tíos que yo, que darían su mano derecha por estar contigo. Sé lo que pasó anoche. No te dejes avasallar por tus amigas y luego arrepentirte de...
- ¡Fue idea mía! - me interrumpe con decisión. - ¿Crees que esas zorras de Clara y Ali hubieran pensado en mí, pudiéndote follar ellas mismas?¿Y de tu tía...? Bueno, dejémoslo en que es tu tía y mi mejor amiga - añade después - Créeme, por muchas razones y todas egoístas, eres el mejor para desvirgarme. Eres un bomboncito para una señora de mi edad. Sí, sí, estoy muy buena, - dice para no dejarme hablar - pero visto desde mi perspectiva, soy una mujer de casi 40 años, que se va a beneficiar de un yogurcín de veintisiete años. Eres dulce y amable, lo sé, te conozco desde que naciste. Además - va añadir algo y se lo piensa. Finalmente dice - Ayer vi que estás muy bien dotado y me pones cachonda ¿Qué más puedo pedir?
Aquí, parece que se la acabó toda la valentía que tenía en el cuerpo, dice las últimas palabras mirando al suelo, volviendo a ser la misma Cris de siempre.
- Entonces, estoy de enhorabuena, porque si finalmente te hubieras arrepentido, posiblemente hubiera estallado de forma espontanea - Digo, riéndome y mirando ligeramente a mi entrepierna.
- Gracias, Diego - lanza sus brazos alrededor de mi cuello y me besa con fuerza en la boca.
Deslizo mi lengua entre los labios y empezamos a intercambiar saliva, mientras nuestras lenguas se entrelazan.
- ¡Eh! Señores, ¿no habrán empezado sin nosotras? ¿Verdad?
Oímos a Clara que nos reclama desde el piso de abajo. Parece tener un radar o un sexto sentido para el sexo. Rompemos el beso y esperamos un último instante antes de reunirnos con sus amigas, mirándonos a los ojos.
- Voy a hacer todo lo posible, para que este día sea muy especial para ti - le prometo.
- Te creo - me responde ella, sonriendo recatadamente y poniéndose de pie.
- Cristina - digo por último poniendo las manos en sus hombros. - Ahora mismo, no quiero tener una nueva relación de pareja. No quiero que te hagas una idea equivocada y hacerte daño.
- Uhff, menos mal. Eso si me preocupaba. Tener que ir otra vez al cine contigo, para ver pelis de dibujos animados. Podría ser muy violento - ahora ella se burla de mí.
Es inocente, pero no tonta.
Toma mi mano y me lleva hasta la sala de estar.
- Estamos listos - anuncia a sus amigas.
- ¿Dónde lo vamos a hacer... ? - pregunta Ali
No había pensado, en qué lugar de la casa estaríamos más cómodos, cinco personas ocupadas en el sacrificio de una virgen.
- En la cama de tus padres - dice mi tía, rápidamente. De nuevo toma la iniciativa - Es la habitación más grande y mi hermana y mi cuñado,como siempre, tienen una cama king-size.
Noto como mira Cris cuando dice esto, buscando su aprobación. Cuando ésta asiente, continúa.
- Luego cambiaré las sábanas antes de que lleguen a casa.
Un poco raro me resulta, pero probablemente es el mejor lugar.
- ¿Y es necesario que vengáis todas? - Les pregunto cuando avanzamos por el pasillo hacia la habitación de mis padres. - Parece la noche nupcial de los antiguos los reyes.
- No será como los antiguos reyes. Estos tenían a los cortesanos presentes durante la primera cópula, solo para mirar y asegurarse de que se consumaba el matrimonio. - dice Alicia con conocimiento, pues es profesora de historia en un instituto
- Pues eso digo. Creo yo que valdrá con nuestro testimonio ¿O no? No hace falte que estéis todas.
- No será simplemente mirar - me explica Clara. - Estaremos allí para dar estímulo y apoyo.
- Está bien - contesto, navegando en un territorio desconocido,... al menos desconocido para mí, pues creo, que estas cuatro, estuvieron hablando anoche hasta tarde.
- Vamos a tomarnos nuestro tiempo - aclaro. - No quiero que salga mal por ser demasiado ansiosos. Supongo que tenemos todo el tiempo del mundo.
Cris asiente con la cabeza y sus amigas se ríen. Tengo la sensación de ser un cordero, que intenta vestirse con piel de lobo.
- Esta es una nueva experiencia para mí, pero supongo que estaréis de acuerdo, que cuanto mayor sea su nivel de excitación, más fácil será. Me voy a centrar en ello, hasta que vea que es el momento exacto.
Me defiendo de sus medias sonrisas. Estoy nervioso con tanta audiencia
- Eso suena muy bien ¿Puedo ser yo la siguiente? - bromea Ali.
- Después de mí - dice Clara, mientras saca su camiseta por la cabeza.
- ¿Qué haces? - pregunto, mientras veo como se quita el sujetador y tira de la cremallera de sus pantalones cortos.
- Mostrando el apoyo, - sonríe - Ali será el estímulo.
- Esto era para Cris y para mí - replico, mirando a tía Laura en busca de ayuda, pero ella y Ali se están quitando la ropa. Están todas de acuerdo.
Tía Laura se encoge de hombros, mientras desliza sus bragas por las piernas y luego se precipita hacia la cama a quitar el edredón y las mantas, dejando sólo la sábana inferior.
- Ya estábamos desnudos todos juntos anoche, Diego. - añade Ali, como si a partir de ahora, el estar todos en pelotas, fuera a ser lo más normal del mundo.
Pero la normalidad no es tal. Sus pezones oscuros, de chocolate puro, ya están transmitiendo su excitación y mi pene se endurece en mis pantalones cortos.
- Tienes razón - contesto. - Yo solo ... Supongo que no me lo esperaba.
Me vuelvo hacia la cama. Cristina ya se ha despojado de su ropa y se ha quedado en sentada sobre la sábana, con las piernas ligeramente cruzadas en los tobillos.
¡Me cago en la leche que he mamao! Es hora de dejar de dudar y protestar de una puta vez. Tengo a tres bellezas desnudas sentadas en la cama, alrededor de una diosa virgen desnuda, que está esperando que me ponga en marcha y tome su virginidad, después de 39 años en este mundo. Debería pellizcarme la cara para ver si estoy soñando y dejarme de tantos remilgos.
Decido no pellizcarme, no sea que despierte y me pierda sueño de mi vida, y me pongo manos a la obra.
Rápidamente me quito la ropa, oigo algunas risitas de las cuatro encantadoras señoras que me esperan sobre el colchón y cierro los ojos para no ver como mi tía observa mi rabo, tieso y colorado como el del mismísimo diablo. Luego me dirijo hasta colocarme al lado de Cristina.
No puedo evitarlo, finalmente miro a tía Laura y la veo absolutamente deseable. Pienso que me gustaría que fuese ella la que sacrificara su virginidad ante mi cetro. Como puedo, saco ese pensamiento incestuoso de mi mente y vuelvo mi atención a Cristina.
- No puedo creer la suerte que tengo, Cris. Se te ve tan… deseable - le digo mientras le tomo entre mis brazos y reanudamos nuestro interrumpido beso de antes.
Nuestras lenguas bailan un preludio suave a la danza principal, que ansío con todo mi alma. Acaricio su durito y redondo culo y paso mis manos por sus torneados muslos.
- Mmmhhh - Cristina ronronea en mi boca, cuando mi mano aprieta el firme cachete de su culo.
Mi pene se aprieta contra su estómago y noto sus pezones tensos presionando en mi pecho
- No puedo esperar más para chupar tus pezones - le digo rompiendo el beso.
Ella sólo asiente, mientras que bajo besando su cuello. Llevo mi mano para aprisionar su pecho y rozo con mi lengua su pezón alargado, viéndome recompensado ??con un profundo gemido gutural. Meto todo su pezón en la boca y comienzo a chuparlo, lamerlo y mordisquearlo, mientras mi mano acaricia su otra pequeña tetilla.
Paso mucho tiempo amamantándome de sus pechos, pasando de uno a otro, observando cómo se tensan, al tiempo que noto como su excitación va aumentando. Sus manos agarran mi pelo y empujan mi cabeza con fuerza contra su busto.
Poco a poco, muevo mi mano por su torso, su abdomen y llego a peinar con mis dedos su rubio pelo púbico. Muerdo su pezón, al mismo tiempo que mis dedos alcanzan su húmedo coño y Cris deja escapar un suspiro claramente audible.
- Eso ha sonado muy bien. Ha debido de pasar algo muy bueno - dice Clara, sonriendo a su amiga.
- Algo muy bueno. Esto es muy bueno, Clara– murmura Cristina cuando mis dedos bañados en sus juguitos resbalan alrededor de sus labios mayores.
Abandono sus pechos y retorno mi camino de besos a lo largo de su cuello, mientras separo los labios de su vagina con mi dedo medio. Cuando encuentro el acceso, deslizo mi dedo entre sus labios y mi lengua entra en su boca. Ella gime en mi boca abierta, cuando mi dedo penetra en su apretada gruta de placer.
- Mmmmmhhhhhhh - Cristina gimotea, tímida, alrededor de mi lengua, mientras yo sigo penetrando tiernamente en su conejito.
Echo a una mirada a las tres mujeres. Como si vieran una tierna película romántica, tienen la cara emocionada, aunque lo que están viendo, es cómo su vieja amiga se retuerce de placer encima de la cama.
Sigo acariciando y penetrando su coño. Froto su pequeño clítoris, mientras, abandonando su boca, empiezo a besar todo su cuerpo. Me posiciono entre sus piernas extendidas, sujeto sus caderas que se mueven incontroladas y reemplazo mi dedo por la lengua. No me da tiempo a saciarme del manjar cuando le viene un increíblemente potente orgasmo.
- ¡Oh, joder!- grita - ¡Ohhhhh Diego! ¡Oh, por Dios! ¡Ahhhhhhhhhhh!
Estoy chupando su clítoris. Deseo paladearlo, saborearlo, como si fuera un buen vino. Sus dedos mesan mis cabellos con urgencia. Endurezco la punta de mi lengua y mis labios besan el borde superior de sus ninfas, haciendo brotar su endurecido clítoris fuera de su tenue defensa. Deposito mis besos sobre sus labios, desde la delicada capucha, hasta el último pliegue del perineo. Aspiro su particular olor, esa fragancia dulce, almibarada, que ya me ofreció con generosidad el día anterior.
Mi lengua se hunde como un ariete en el interior de su sexo, buscando el origen de esa ambrosía que destilan sus entrañas. Se agita y sus dedos me presionan con fuerza en la nuca, imbuyéndome en su fuente de vida.
Un quejido agudo nace de su interior, un dulce lamento que me indica el camino. Sigo despacio, muy despacio, frenando mis ansias de devorar esa vulva rosada y chorreante
Uno de sus pies acaricia mi espalda. Noto como encoje sus dedos, levanta sus caderas. No solo se agita, se contorsiona, sino que sus nalgas se elevan incontroladas y me obligan a sujetarla para no perder el contacto.
Ella tampoco quiere perder el íntimo contacto y sus piernas se abrazan a mi espalda, impidiendo que me aleje un centímetro de su sexo. Sus dedos se engarfian a mi pelo y noto que ha llegado el momento definitivo.
- Me estoy corriendo, hijo de puta. Me muero, cabrón, me muero - chilla mientras enreda sus dedos en mi pelo e introduce, aún mas, mi cara en su coño tembloroso.
Me quedo chupando levemente su clítoris, hasta que ella se derrumba de nuevo en la cama, a continuación, recojo con mi lengua su dulce néctar.
- ¿Te la vas a follar ya, Diego? - me pregunta Ali, cuando levanto la cabeza para tomar un respiro.
- Todavía no - contesto con una sonrisa malévola - No está lista todavía.
- Sí, lo estoy - replica Cristina.
- Vas a estarlo más, después de que te lo coma de nuevo - contesto al tiempo que me sumerjo de nuevo en su coño delicioso.
- Desde luego, Claudia te tenía bien enseñado. - oigo decir a mi tía y su puya hace mella en mi orgullo.
Seguramente tiene razón, esa zorra me llevaba por donde quería. Creo que mi tía lo sabía desde hace tiempo. Seguramente también mis padres. La experiencia es un grado, pero no es algo en lo que tenga que pensar ahora. Tengo un trabajo por hacer.
Deslizo mi lengua por cada grieta de sus labios, devoro sus jugos y de nuevo introduzco la lengua hasta su límite en su apretado agujerito. En su agujerito virgen. Luego gime sorprendida cuando empujo sus piernas hacia arriba y comienzo a comerle el culo.
- Tenías razón -dice entusiasmada, volviendo la cara hacia Ali - ¡Qué bueno es esto! da un gustirrinín... que se siente maravilloso.
Sus amigas se ríen de su comentario entre infantil e inocente y ella se retuerce en respuesta a mis lametones. Poco a poco avanzo por su perineo, esa área sensible entre su culo y su coño.
A medida que avanzo hacia el coño empapado de Cristina, sigilosamente dirijo mi mirada a Ali, Clara y tía Laura. Las tres mujeres están disfrutando claramente del show de sexo en vivo que les estamos ofreciendo.
Mientras tía Laura y Clara se comportan con cierta discreción, Ali está frotando claramente su coño. Tiene las piernas abiertas y con un dedo se está follando a sí misma. Las otras dos tienen una mano entre sus piernas, pero no están siendo tan descaradas.
¡La ostia puta! Con esas imágenes grabadas en la retina, voy a tener el rabo como el pedernal el resto de mi vida.
- ¡OOOOOH, Joder! Otra vez, otra vez. - grita Cristina. Vuelve a agarrar mi pelo, mientras yo sigo asaltando su chochete.
Chupo su clítoris entre mis labios y jugueteo con mis dedos en su interior. La noto tensarse y saca con firmeza mi cara de su entrepierna. Nos ofrece una visión clara de su vagina abierta y sus caderas suben y bajan de forma convulsiva.
- ¡Oh, Joder! - grita a pleno pulmón, al tiempo que noto sus músculos vaginales emitiendo pulsaciones, que se aferran a mi dedo como si quisieran devorarle y sus secreciones salen abundantes, empapando la sábana y seguramente le colchón
- ¡Oh, Dios, Dios, Dios! Me estoy corriendo. ¡¡¡Me corro!!! - aúlla, como si la fuera la vida en ello.
Luego se encoje, se gira y mete la mano entre sus piernas, como protegiendo su tesoro.
- Creo que me he corrido como ayer lo hiciste tú, Clara ¡Qué vergüenza, parece que he meado!
Su blanca piel está ahora encarnada. Jadea, cierra los ojos en un gesto de placer supremo. Sus tres amigas la miran en silencio, con cara de asombro o, quizás, de envidia.
Podía ahora recordar a mi tía su comentario, sobre lo que he aprendido o he dejado de aprender con Claudia, pero prefiero reservarlo para otro momento.
Incluso por un instante, pienso que he podido meter la pata, quizás se haya agotado y debemos de esperar hasta que se recupere. Toda duda se desvanece, cuando Cris, se gira sobre si misma y abre los muslos, ofreciendo a la concurrencia la visión de una vulva brillante y abierta.
- A qué esperas, Dieguito, quítame esta calentura y lo que pilles por el medio.
Ante esa frase para la historia, me limito a pedirle a Clara uno de los condones que están sobre la mesilla de noche. Ella lo agarra, abre el envoltorio y se viene hacia a mi pene.
- ¿Puedes ponérmelo? - le digo, con toda mi cara cubierta con el caldito del coño de su amiga.
- Claro que puedo - sonríe y como una experta lo rueda sobre mi turgente rabo. Sus dedos permanecen unos instantes alrededor de la base de mi polla y luego acarician mis pelotas.
- A por ella, tigre - susurra a mi oído y luego me da un pequeño cachete en el culo.
Todavía sale por última vez mi vena de buen chico.
- ¿Estás segura de que quieres hacer esto? – Le pregunto justo cuando alineo mi polla tiesa con los labios de su empapada vulva.
- ¡Diego! ¡Quieres callarte y follarme de una puta vez! - Suena ansiosa y remarca sus palabras separando sus muslos tanto como puede.
- ¿Quieres ponerte arriba y controlar tú la penetración?
- ¡Deja de dar la lata, Diego! – ahora es Ali la que me apremia – Como quieres que te diga, que quiere que se la metas y te dejes de tonterías.
Miro a los ojos a todas y cada una de las encantadoras mujeres desnudas que me rodean, mientras mi pene se desliza hacia la inmaculada apertura de Cristina. Tengo la verga dura como una roca y se desliza fácilmente en su bien lubricado agujerito ¿Por qué tantas dudas? ¿Por mi tía? ¿Por la edad de mis compañeras? ¿Por el número de mujeres que me rodean? ¿Por la virginidad de Cristina? En realidad ¿No son todos acicates, para dejar que fluya la llamada de la naturaleza?
- Cris, me gusta cómo me aprieta tu coñito. - le digo cuando mi glande entra lentamente en su pequeño túnel. No sé, si para darle confianza a ella o a mí mismo.
- Ya está entrando - susurra Clara con emoción, mientras las tres mujeres se acercan para observar
Noto tensa a Cristina y, a la entrada, extremadamente angosta, pero los calditos de sus anteriores orgasmos me ayudan a deslizarme fácilmente entre sus finos labios. Me inclino hacia abajo e introduzco mi lengua, intensamente empapada en los jugos destilados por su coño, en su boca. Cristina se suelda a mi lengua sin una pizca de asco por el persistente sabor.
Arqueo mi espalda. Introduciendo mi polla en la apertura de su coño suave y sedoso. Cristina espera anhelante deshacerse de su terco himen, con varios años de retraso. Eleva sus rodillas, extiende sus piernas con amplitud y afirma las plantas de los pies sobre la cama, esperando mi último empellón.
- ¿Lista? - Le pregunto, una vez más, con una sonrisa.
Ella sólo asiente con la cabeza. Antes de que pueda reaccionar, empuja hacia arriba y mi verga irrumpe a través de su barrera protectora, penetrando en las profundidadesde su coño. En sentido estricto, podemos decir que es ella quien se desvirga y yo quien lo disfruto.
- Uuummhhh! - deja escapar un soplo de aire y su cara dibuja en una mueca de atenta espera.
- ¿Estás bien, Cristina? –busco en su cara algún signos de dolor.
- Sí, - dice con orgullo. – tampoco es para tanto. Es más un escozor que un dolor
Siento sus músculos vaginales, que se aprietan alrededor de mi polla, como si quisieran expulsar un objeto extraño, pero también el calorcito de su carne tibia rodeando mi ariete. Me quedo inmóvil para que se acostumbre a la sensación, antes de sacar lentamente mi rabo de su ardiente túnel.
Cierro los ojos cuando mi glande está casi fuera y lentamente empujo hacia el camino de vuelta. ¡Joder, siento su coño calientito y apretado! Será psicológico, pero me pone esto de estrenar su chochito.
Su cara está roja y su gesto feliz, mientras, entro y salgo despacito de su cuerpo. Nuestras espectadoras desnudas parecen asistir al beso de la película Casablanca. Tienen un brillito en los ojos y una sonrisa bobalicona en la cara ¡Me las follaba a todas!
- ¿Qué, ya eres una mujer? - Alí le dice dulcemente, mientras cepilla con su negra mano, el dorado pelo sobre la frente húmeda.
- Una mujer lleva siendo toda su vida – dice mi tía con sorna – Ahora lo que es una mujer bien jodida. En el mejor significado del término.
- ¡Por fin! ¡Una jodida zorra, como todas nosotras! – replica Clara con su delicadeza habitual.
Yo entro y salgo de su coño cada vez con más facilidad
- ¡Es mía! ¡La siento! –Se refiere a mi polla, lógicamente.
Me agarra del culo, sonríe y se va animando, al tiempo que va, poco a poco, acoplándose a los movimientos de mi pene.
Todavía estoy deslizándome dentro fuera, dentro fuera, con lentitud. Ella envuelve sus piernas alrededor de mi espalda y clava los talones en mi culo. Me abraza con fuerza contra su pecho, cuando susurra, para ella y para mí, no para nuestro público:
- Fóllame, Diego. Haz conmigo lo que quieras, pero haz que me corra de nuevo.
La envuelvo con mis brazos por debajo de los hombros, me apoyo con ellos en el colchón y empiezo a mover mi pene más rápido.
Mis huevos empiezan aterrizando dulcemente contra sus nalgas, cada vez que introduzco mi polla hasta la base, pero vamos acelerando, hasta que terminan palmoteando en su culo, cuando ella empuja sus caderas buscando nuestro encuentro. Cada vez más rápido, cada vez más fuerte.
¡Joder! Hace unas horas que he roto con Claudia y me estoy tirando a la amiga de mi tía, que además es virgen... y para rematar el cuadro, nos rodea una audiencia de mujeres bien entradas en la treintena, que nos amenizan la jodienda con un coro de suspiros y jadeos ¡Qué coño! ¿Y yo preocupado por hacer daño a Cristina…? ¡Esto es la gloria!
- ¡Oh Dios mío! ¡Oooooh, mierda! ¡Joder! ¡Joder! Jodeeer! ¡Esto es la ostia de bueno! ¡Qué me haces cabronazo! - Sus uñas se clavan en mi espalda, mientras, la dulce Cristina, la mujer recatada y tímida, suelta por su boquita más tacos que un estibador del puerto.
- -Vamos cariño, que ya estás a puntito de caramelo. Lo estás disfrutando ¿Eh? – le dice Ali, mientras se tumba a su lado y le da un beso en la mejilla. Su mano sobre mi culo, acompaña mis movimientos de vaiven.
Yo no puedo por menos que fijarme en sus grandes tetas, que caen de lado sobre su brazo izquierdo. Brazo que se pierde hacia sus piernas, más allá de donde yo puedo ver.
- Gracias, cabronas. Gracias por este fin de semana. Esto es increíble, – contesta Cris entre jadeos.
Su cara blanquita tiene un color bermellón y su gesto se contrae, por el esfuerzo de seguir moviendo las caderas y por el placer le provoca el empotrarse contra mi polla.
Cris en un impulso irracional, agradecida, besa a Ali en la boca. Ésta lo recibe sorprendida y divertida. Sin duda ésta es otra Cris, desinhibida y voluptuosa, que está disfrutando con un buen polvo, largamente deseado.
A mí, el condón me está ayudando a mantener a raya mi eyaculación. Quiero alargarlo lo máximo posible, viendo el buen rato que está pasando Cristina. Intento que tenga el mejor recuerdo de su primera vez, que se acuerde toda su vida del sobrinito de su amiga Laura, pero me estoy acercando al final.
Golpeo en ella cada vez con más ritmo. Noto mi bajo vientre golpeando contra su húmeda vulva y disfruto cada una de las profundas entradas de mi polla en su interior. Su coño apretadito, se enfunda amoroso sobre mi tronco y sobre el capullo.
- Oh, sí!¡Sigue así! ¡Oh, mierda! ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!
Cristina me abraza con brazos y piernas, apretándose a mí, totalmente entregada. Sus uñas arañan mi espalda, aunque, perdidos en el momento, no le doy mayor importancia. Por encima de sus gritos y nuestra ruidosa respiración, puedo escuchar a mi cuerpo golpeando como un martillo neumático en su coño medio licuado.
Cuando noto que ella llega con éxito a un magnífico orgasmo y sus músculos internos se abrazan alrededor de mi pene, siento la mano de Ali, que se desliza por encima de mi culo y acaricia mis testículos.
¡Mierda! Ella termina antes que yo. Justo cuando me disponía a disparar mi carga dentro de su coño. Me besa, me abraza, me inmoviliza. Nos aferramos el uno al otro y pienso que es mejor parar. Me quedo con las ganas, pero al fin y al cabo, éste es su día. El día que desvirgué a la amiga íntima de mi tía, a la que conozco desde que nací, me digo con una sonrisa de sátiro en la cara. No se lo voy a estropear, contándole mis necesidades.
- Hmmm, - Murmuro, besándola con ternura en sus labios hinchados y calientes. Sintiendo como su coño envuelve mi rabo hipersensible.
- ¡Guaaaauu! - Susurra tía Laura - nunca había visto a nadie follando. Ha sido la ostia.
- Sí - coincide Ali y añade con una risita - Yo me he hecho una pajita. - Con la mano, aún acaricia las mejillas de mi culo, mientras y yo reposo abrazado a su amiga.
Tengo la impresión de que no ha sido la única en masturbarse, pero aún así Clara añade.
- ¿Quién es la siguiente? – lo que provoca una mirada asesina de mi tía Laura.
- Estábamos de acuerdo en que esto sería para Cristina - advierte.
- Lo sé, pero ahora estoy tan caliente, que estoy a punto de descubrir que se siente con un consolador de goma. Y esas novedades no son buenas a mi edad - le responde Clara entre risas.
No creo que a mi tía le haga gracia, pero yo sigo pendiente solo de Cristina.
- Gracias, Diego – me dice tirando de mi nuca hacia abajo para besarme de nuevo, y su lengua invade mi boca en un beso cálido y húmedo.
Desliza sus manos por mi espalda y por encima de mi culo, su mano tropieza con la de Ali.
- ¿Qué coño…? - dice, volviendo la cabeza hacia Ali, que se encoge de hombros y ambas se ríen fuerte y con ganas.
Curiosa experiencia, la que han compartido las dos amigas, conmigo en medio.
Finalmente saco mi pene morcillón, pero todavía hambriento, y ruedo por encima de Cristina. Sus amigas se lanzan rápidas a inspeccionar los daños. Le informan de que hay muy poca sangre.
- No me dolió tanto, como pensé lo haría - dice Cristina.
- Supongo que eso es bueno - digo, saliendo de la cama y yendo hacia el cuarto de baño para tirar el preservativo.
- Algún mérito tendremos que darte, pero poco. – me dice Clara mirando como deslizo el condón vacíos obre mi pene.
- No quieras tener el mérito, sobrino, que el mérito es de mi amiga - dice tía Laura abrazando a Cristina. Se las ve radiantes.
- No seais dura, que ha sido un encanto – me defiende Cristina. Luego agrega – Un encanto y un machote. Mi machote.
- Bueno, bueno ¿Seguro que eras virgen? ¿No habrás montado alguna vez a caballo y habrás notado alguna perdida extraña? – dice Ali y añade con mala leche – Porque el semental que tenías hoy, ha dejado poco daño, para el rabazo que te ha metido – Luego me guiña un ojo con complicidad y buen rollo. – Laura, ésta nos ha mentido para tirarse a tu sobrino, que tampoco parecía tan experto.
Cuando las dejo, las mujeres están compartiendo el malestar que sintieron la primera vez que follaron con un tío y enredándose en mil anécdotas, que no sé si quiero conocer, sobre todo de mi tía.
Decido darme una ducha y mientras estoy esperando a que el agua de la ducha se caliente, Clara se desliza en el cuarto de baño.
- Has estado muy bien Diego. No hagas caso a esas brujas ¿Quieres que te lave la espalda y te cure esos arañazos? – me pregunta, mirando mi pene. Supongo que verificando que no me he corrido con Cristina. – Creo que has sido tan caballero, que nadie, salvo tu tita Clara, ha pensado en ti.
¡Qué ostias! ¿Por qué no? Yo ya estaba enhiesto, confesémoslo, como un martillo pilón. Un par de insinuaciones y mi pija levantó la cabeza rápidamente, pidiendo un alivio que me hacía falta
- Claro - le respondo mientras me muevo a un lado para invitarla a entrar conmigo en la ducha.
Es alta y nos encontramos frente a frente, con el chorro de la ducha golpeando su espalda. Coge abundante jabón y lo echa sobre su mano. Luego lo extiende sobre mi pene y mis testículos provocando una agradable sensación, acariciándome entre la espuma.
- Pensaba que habías dicho mi espalda - bromeé.
- Ahora llegaremos a eso. Déjame que coja el camino que yo quiera. - sonríe, pero mi pene amenaza con estallar, si el “camino” se hace muy largo.
- Mmmm. - Clara ronronea cuando acaricio su pecho y pellizco sus pezones.
Esos oscuros pezoncillos con forma de volcán han resultado ser extraordinariamente sensibles.
- Vamos a empezar quitando todos los desagradables flujos corporales de Cristina de este pollón - sonríe, mientras desliza rotando, su mano enjabonada sobre mi miembro y juguetea con mis huevecillos - ¿Luego, vas a follarme, Diego?
Antes de que pueda responder, ella se roza sus labios con los míos y desliza su lengua dentro de mi boca.
Sus manos se desplazan a mi espalada, para después agarrar los cachetes de mi culo. Su lampiño montecillo de porcelana se frota suavemente contra mi erección.
- Sabes a coño, Diego - dice, haciendo una pausa en el beso, pero no en el frotamiento contra mi verga.
Yo sólo sonrío tímidamente, sin saber que responder. No parece importarle mucho, pues poco después empieza devorar mi boca. Respondo, agarrando sus nalgas.
- Y ahora que tienes este magnífico cipote tan hinchado y tan malito ¿Qué vas a hacer con él? - Se burla poniendo cara de niña mala.
- ¿Qué deseas que haga? - Le pido.
Sonriente y seductora, nos da la vuelta y ahora el agua de la ducha está golpeando mi espalda. Se libera de mi abrazo, se gira y coloca sus manos contra la pared de azulejos.
- Lo que he querido hacer desde que apareciste ayer - Contesta, moviendo su culo contra mi polla dura.- Porque yo también estoy malita.
Mi pene se intercala entre sus nalgas mojadas y paso mis manos por debajo de sus brazos, abarcando con ellas sus pechos.
- Por favor - me pide Clara, abriendo las piernas, al tiempo que me mira por encima del hombro.
- Por favor, ¿qué? - Bromeo.
- Por favor, métemela, Diego, y cúrame un poquito.
¿Quién soy yo para ignorar los deseos de una mujer en tal estado de sufrimiento? Incluso si esa mujer tiene 38 años de edad y es amiga de mi tía. Saco mi polla de nuevo de entre su rajita y la alineo con su ansiosa apertura. Suavemente, consuelo el apetito de mi glande entre sus hinchaditos labios vaginales, lo sostengo sin moverme.
- Ohhh.
Suena Clara como el arrullo de un niño, mientras empuja hacia atrás, contra el intruso que amenaza sus entrañas. Me muevo con ella, muy poquito. Sólo mi porrita consigue entrar dentro de su coño delicioso.
- ¡Vamos, por favor! - me pide con ojos de gata.
Agarro sus caderas con las manos y la meto mi polla de un golpe.
- ¡Coño! ¡SÍ! - llora cuando mis huevos golpean contra sus muslos y mi polla dilata su vagina.
Ahora me desahogo con ganas, disfrutando de la vista de su culo de mujer madura, sometida largas sesiones de gimnasio. Deleitándome con la imagen de como mi pene desaparece en su interior. Mientras, Clara, tiene ambas manos en la pared aguantando mis embestidas.
- Oh ... oh ... oh ... oh! - sus gemidos marcan el ritmo de mis golpes de cadera y ella arquea su espalda con cada arremetida, para facilitar la penetración.
- ¡Joder! - dice, y la veo retorcerse ante la eminente llegada de un orgasmo - Lo necesitaba ¡ufh! ¡COOOÑO! ¡Lo necesitaba!¡Vamos! ¡Vamos, cabroncete!
Sé que no voy a durar mucho más tiempo. La tensión que ejercen sus paredes contra mi pene me mandan también sus sensaciones. Tampoco ella va para mucho tiempo. Demasiada carga sexual retenida durante un tiempo excesivo.
Mi final está cerca, y más cuando veo como Clara tiene una mano entre sus piernas, trabajando su clítoris mientras la aporreo cada vez con más fuerza. Me gusta esa desinhibición de Clara. Esa falta de escrúpulos, buscando su placer, sin pensar en absoluto en la opinión de los demás. Me gusta que sea tan puta y tan guarra.
- Oh, joder, Diego! ¡No pares! ¡Sigue! ¡Siiigue! ¡Estoy a punto de...!
¡Yo también! Apunto de llegar a la meta de cara a la recta final. Cada vez más fuerte.
Clara redobla la velocidad de sus dedos sobre el clítoris, la falla la mano que tiene en la pared y se apoya con el codo. La sujeto por encima del hombro y la empotro con fuerza sobre mi pelvis. De repente, para su mano, noto como sus músculos vaginales se enroscan con fuerza alrededor de mi pene y emite un quejido agudo y contenido. Pensaba que gritaría a pleno pulmón, pero la exuberante Clara, parece contenerse en el punto final.
Yo entro en erupción al instante. En varias sacudidas profundas, deposito en su coño varias cargas de lefa caliente ¡Mierda! He olvidado el puto condón. Me congelo, sosteniéndola inerte sobre la pared.
- ¡No pares! - Clara me agarra del hombro pidiéndome más - ¡sigue montándome, cabrón!"
- Se nos ha olvidado el condón! - Digo, con vergüenza.
- Olvídalo ¡tomo la píldora! - me dice exasperada.- ¡Continúa dándome, coño!
Cojo el ritmo que había dejado y veo como se relame disfrutando las etapas finales de su orgasmo.
Estoy totalmente agotado. Noto como el agua golpea mi espalda. Apoyo mi mejilla sobre la suya, al tiempo que me aferro a su cintura con los dos brazos.
- Deberíamos terminar de bañarnos - digo, sin hacer ningún esfuerzo para sacar mi polla de su insaciable coño.
- Probablemente - me dice, jadeando, sin dejar de apoyarse en la pared de la ducha, ahora con la cabeza baja.
- ¡Diego! - grita mi tía al entrar al cuarto de baño. - ¿Vas a estar en la ducha todo el día?
- No, ya estoy terminado - contesto en el instante que ella tira de la cortina de la ducha.
- ¡Clara! - grita - ¿Qué coño estás haciendo aquí? ... Bueno, puedo ver lo que estás haciendo, pero ...
Esto hace dos días no hubiera ocurrido. Mi tía no hubiera entrado a ver que hacía en la ducha. Sin embargo Clara no pierde la compostura.
- Pensé que tu sobrinito podría necesitar ayuda para bañarse y como vosotras estabais hablando... - sonríe, mientras saco mi flácido pene de su conejito empapado, - entré para preguntarle y entonces me violó - se ríe y se chupa un dedo, poniendo gesto de niña inocente.
Mi tía pone los ojos en blanco, pero inmediatamente vuelve a centrarlos en mi flácida polla.
- Ya lo has conseguido ¿no? - me pregunta tía Laura indignada. - ¡Acabas de desvirgar a Cristina! ¡Estás salido, joder!
¿Qué quería que hiciera? ¿Qué me quedase con el calentón y rechazase a su voluptuosa amiguita?
- En realidad Clara fue quien lo consiguió, pero sí, yo lo he disfrutado, y mucho. - contesto desafiante.
- Bueno, sin dos personas esto hubiera sido imposible - sonríe Clara mientras yo devoro los pechos perfectos de mi tía con los ojos.- pero, bueno, que te voy a explicar que tú no sepas, la virgen era Cristina. De todas formas, yo ya he terminado - remata, apartándome con su mano y saliendo de la bañera.
Tía Laura le entrega una toalla, sin apartar sus ojos de mí.
- ¿No necesitas también una ducha, tita - le ofrezco con una amplia sonrisa.
- ¿Crees que todas somos del mismo estilo que esta zorra? - Lo dice con dureza, pero su cara muestra todos los signos de estar empezando a ceder. Supongo que está pensando que lo sucedido era inevitable.
- Vamos - le ofrezco de nuevo, puedo ayudarte a lavarte la espalda.
- Eh, ese truco es mío. - bromea Clara, justo antes de salir del baño.
Tía Laura está mirándome, sus pezones tensos traicionan su estado de ánimo, mostrándome su excitación, mientras parece considerar mi oferta.
- No te preocupes, durante un tiempo puedes estar segura - le digo. - Incluso los salidos como yo, tenemos un tiempo de recuperación. - mi tía mira hacia la habitación, sopesando lo que puedan estar haciendo sus amigas, y luego se desliza en la ducha junto a mí.
Supongo que es el momento de dejarlo. Diego debe estar agotado y la tía está llena de dudas, con lo que no creo que pase nada más interesante por el momento ¿O sí? ¿Quién sabe? relato
0 comentarios:
Publicar un comentario